Tecnologías de Información y Comunicación, ¿para qué?

*"Era el mejor de los tiempos,
era el peor de los tiempos,
era la edad de la sabiduría,
era la edad de la estupidez,
era la época de las creencias,
y era la época de la incredulidad ... "

— Historia de dos ciudades, Charles Dickens*

Por José L Amaya
Aunque el pasaje arriba citado pretendía contrastar originalmente el Londres y el París del siglo XIX, pareciera que las palabras de Dickens no han perdido vigencia para describir el estado actual de las cosas.

Me explico: si bien como humanidad hemos avanzado tecnológicamente a pasos agigantados (WiFi, viajes al espacio, nanorobótica, etc.), aún subsisten rezagos en materia de acceso a necesidades básicas: alimentación, agua, saneamiento, e incluso acceso a la información. Por lo anterior, el texto de Dickens pareciera retratar con precisión una actualidad ambivalente y de contrastes en materia de desarrollo.

Este es el mundo en que vivimos.

Pero ese no tendría por qué ser el mundo que aceptamos. Ahora bien; no es fácil definir la palabra “desarrollo”. Para algunos, se le ve como una condición donde se alcanza todo el potencial humano vía un cambio social y económico que aumenta la capacidad para elegir de los individuos (o comunidades) involucradas.

Para otros más, el desarrollo se asocia con cambio tecnológico y su dominio. Por último, para el premio Nóbel de economía Amartya Sen, el desarrollo es "eliminar la ausencia de libertades sustanciales". Libertades como poder comprar/vender productos/servicios a más de una sola persona/empresa, por ejemplo.

En últimos tiempos hemos visto el surgimiento de las empresas sociales como un complemento al mercado y al Estado para contribuir a la solución de algunos problemas.

Como empresa social dedicada al uso de las tecnologías de información y comunicación (TICs) para el sector rural, entendemos el desarrollo como la creación de valor social y económico, así como la ampliación de alternativas y oportunidades (¿qué y a quién vender? ¿cómo producir más y mejor?) para individuos y agrupaciones de productores. El reto es usar lo que muchas veces damos por sentado (WiFi, smartphones, conexión inmediata a internet) y articularlo en soluciones a problemas sociales actuales (como la desconexión de cadenas productivas rurales-urbanas, bajos ingresos y falta de oportunidades en el sector rural).

Bueno, y a todo esto, ¿esto cómo me afecta a mí?, dirás. Tomemos, por ejemplo, otro problema social importante: la escasez de agua. Partimos del punto de que el 75% del planeta es agua; de ese porcentaje sólo el 1% es “dulce” o destinada para consumo humano (aunque todos sabemos que este 1% no está distribuido uniformemente en todo el planeta).

Existe un amplio consenso sobre el uso de este 1% de agua dulce: 70% para uso agrícola, y el otro 30% para uso industrial y doméstico. No habría empacho en decir, pues, que el problema de escasez agua es también un problema de productividad agrícola. Ahora no suena tan descabellado pensar en resolver este problema, ¿verdad?

En conclusión: tecnologías de información y comunicación (TICs), para resolver problemas sociales. Para facilitarle el acceso a buenas prácticas a pequeños productores. Para ampliar sus opciones de elección (a cuánto, cuándo y a quiénes vender).

Para que millones de productores mexicanos en el sector rural que actualmente ganan en promedio $1,500 pesos al mes, ganen más. Para contribuir al desarrollo económico local.

  • El autor es co-fundador de Esoko México, una empresa social que ayuda a sus clientes a optimizar su logística e impactar al sector rural mediante el uso de tecnologías de información y comunicación (TICs).